Museo de la papa y Mariposario

Ante la pregunta de cómo representar la naturaleza un artista puede, por ejemplo, sentarse a dibujar una papa, y otro un ala de mariposa. Lo hacen sin ánimo alegórico alguno, sin ideas previas y deseosos de dejar bien asentada su capacidad de observación. Sin embargo ocurre que escogen dibujar la papa más deforme y la mariposa más oscura; o traducen sus registros a configuraciones extrañas que dificultan su identificación. Aún así en uno u otro caso se percibe una incipiente voluntad de sistematización que dota al trabajo de un aura investigativa.

En el caso de estos proyectos, se imitan tangencialmente formas de indagación y dispositivos de exhibición propios de una tradición que abarca planetarios, museos de historia natural, jardines botánicos y zoológicos, acuarios, dioramas y gabinetes de curiosidades. La afinidad con estos dispositivos podría leerse como nostalgia por un momento en el que la capacidad de observación y las habilidades artísticas tenían un vínculo práctico con la exploración y los descubrimientos científicos. Pero más bien se trata de una apariencia que el artista asume para poder tomar prestado un repertorio de formas y referencias que le permitan representar a la naturaleza sin pisar necesariamente el territorio de lo sublime. Al dar lugar igualmente a las especies más exóticas y a las más anodinas, los protocolos de observación y clasificación proveen formatos que pueden utilizarse para introducir elementos ajenos a ese discurso, enfatizando valores escondidos por la pátina de la objetividad.

La apariencia que estas obras adoptan, aunque fuera de registro, funciona como una estrategia de mímesis que al igual que aquella manifestada por diversos organismos
implica la puesta en marcha de un complejo sistema más allá del mero aspecto. Actúan detrás de ella una serie de limitantes que restringen la respuesta a ciertos estímulos y exacerban otras, con el riesgo de que si este balance se perturba la mímesis se vuelva contra si misma. Así, la factura de estos objetos como obras de arte supone la inmersión en procesos materiales que exceden su valor como investigacion. Al mismo su fuente de energia radica en la información que ha sido vertida en ellos.

Irene Kopelman/Pablo Vargas Lugo
Septiembre 2013