Jan Peter Hammer

Jan Peter Hammer
Vive y trabaja en Berlín, Alemania.

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Cuando comencé mi carrera artística tenía un gran interés por la teoría del cine y la literatura, concretamente por el Nouveau Roman. Mis primeras películas e instalaciones las centré en ambientes y objetos dotados de un carácter fascinante. Para el proyecto Boy Scout (2000-04), rastree la historia de una  vieja chaqueta color rojo, de hace 30 años, que había pertenecido a los boy-scouts. La encontré en una tienda de segunda mano en Hamburgo y busqué a su propietario original en Staten Island. Sin embrago, después de la crisis financiera en 2008, sentí una mayor necesidad de comprometerme con el discurso político.

En un momento fortuito, me encontré con una novela del poeta portugués Fernando Pessoa, llamada The Anarchist Banker, que describe los pensamientos y motivaciones del carácter proto-liberal. Me llamó la atención la oportunidad de la discusión en aquel momento, y decidí adaptarlo a un cortometraje. El concepto de la pieza era insertar los escritos de los líderes de opinión contemporáneos -como Thomas Friedman del New York Times- en el texto original, con el fin de arrojar luz sobre las distorsiones ideológicas y la llamativa insensibilidad de las teorías que se disfrazan como sentido-común económico y política pragmática. En mi opinión, la fuerza de la pieza deriva de su hilo narrativo, es decir, la forma en que hace visible cómo las abstracciones teóricas tienen consecuencias concretas, y cómo términos como “la economía”, “libre mercado”, o “neoliberalismo” no son meros conceptos tomados de la caja de herramientas  de las ideas, sino dinámicas de explotación y sumisión que rigen las relaciones entre las personas. En otras palabras, tengo la firme convicción de que las prácticas narrativas proporcionan un punto de vista para la crítica, ya que permiten a uno  abordar teorías como el  neoliberalismo, de forma en que la gente se ve obligada a reproducir sus determinaciones ideológicas en lugar del mero concepto de neo-liberalismo.

Esta es la razón por la que encuentro fundamental la interrelación entre la literatura y el cine para el desarrollo de las prácticas artísticas contemporáneas, y la razón por la cual, después de la adaptación de The Anarchist Banker a la pantalla, he continuado realizando una serie de obras  que buscan dar importancia a nociones/conceptos que a menudo sólo aparecen como  generalidades remotas. Para dar sólo dos ejemplos, una de mis obras más recientes fue un performance, en el que un guardia de seguridad era contratado para sentarse de brazos cruzados sobre una cantidad de efectivo, durante el horario de apertura de la galería, duración del espectáculo. Es decir, mientras que la función del guardia es velar por el dinero, la función del dinero es pagar al guardia para poder verle. Con reminiscencias de obras literarias de Beckett, guardia y dinero están encerrados juntos en un juego absurdo, lo que convierte la abstracción invisible del ciclo económico en una actuación dolorosamente concreta, poniendo de manifiesto que, aunque el dinero no tiene precio, la garantía de su valor siempre conlleva un alto costo social . Mi última película, un encargo de la Asamblea de Bergen 2013, habla de la trágica historia de una orca cautiva, Tilikum, con el fin de abordar los fundamentos ideológicos y rarezas idiosincrásicas del conductismo, la neurociencia y la gestión de las filosofías. También en este caso, me pareció esencial centrarme en la experiencia de un individuo -aunque en este caso sea un animal- como medio para dar sentido al gran rompecabezas social que hay a su alrededor.

– JPH